Si viviste los años 80 y 90, seguro que recuerdas el miedo colectivo al colesterol. De la noche a la mañana, los huevos se convirtieron en el enemigo público número uno. Nos dijeron que limitáramos su consumo a dos por semana y que, si podíamos, comiéramos solo la clara.
Millones de personas obedecieron. Las estanterías se llenaron de productos «0% materia grasa» y las tortillas se volvieron blancas y tristes.
Treinta años después, la neurociencia nos ha dado una noticia que ha dejado a muchos boquiabiertos: Esa grasa que evitabas era justo la gasolina que tu cerebro necesitaba.
Tu cerebro es 60% grasa (literalmente)
Imagina tu cerebro no como un músculo, sino como un ordenador hecho de lípidos. La capa que recubre tus neuronas (la mielina) es grasa. Las paredes de tus células cerebrales son grasa.
Si eliminas las grasas saludables de tu dieta, tu cerebro no tiene materia prima para repararse. Y aquí es donde entra el huevo completo.
El secreto está en la Yema: La Colina
Cuando tiras la yema y te comes solo la clara, estás tirando el 90% de los nutrientes. La clara es solo proteína y agua. La yema es el tesoro.
La yema es una de las fuentes más ricas de la naturaleza en Colina. La colina es la precursora de la Acetilcolina, un neurotransmisor fundamental para la memoria y el aprendizaje. Sin suficiente colina, el cerebro empieza a «canibalizar» sus propias membranas para obtenerla, lo que a largo plazo se asocia con el deterioro cognitivo.
¿Y qué pasa con el colesterol?
Este es el mito que se niega a morir. La ciencia actual ha demostrado que, para la inmensa mayoría de la gente, el colesterol que comes (huevo) no sube el colesterol de tu sangre.
El cuerpo es sabio: si comes colesterol, tu hígado fabrica menos. Si no comes, tu hígado fabrica más. El verdadero enemigo de tus arterias no es el huevo; es el azúcar y las harinas refinadas que oxidan ese colesterol y lo vuelven pegajoso.
Cómo comer huevos para potenciar tu mente
No todos los huevos son iguales, ni todas las formas de cocinarlos valen.
- La Yema Líquida es mejor: Al cocer demasiado la yema (cuando se pone grisácea), oxidas el colesterol y pierdes parte de las vitaminas. Lo ideal es el huevo poché, pasado por agua o a la plancha con la yema blanda.
- Combínalo con verduras: Como vimos en el artículo sobre la Salud Visual, la grasa del huevo ayuda a absorber los antioxidantes de las espinacas o el tomate.
La señal de alerta: ¿Se te olvidan las palabras?
Si notas que te cuesta encontrar la palabra exacta o que tu agilidad mental ha bajado, no corras a comprar suplementos caros. Revisa tu desayuno. ¿Estás comiendo tostadas con mermelada (azúcar) o un bollo?
Prueba a cambiarlo durante 7 días. Dos huevos revueltos con un poco de jamón o aguacate. Es un desayuno antiguo, de «toda la vida», pero es el combustible de alto octanaje que tu sistema nervioso está pidiendo a gritos.
Conclusión
Deja de tener miedo a la comida real. La naturaleza empaquetó en el huevo el cóctel perfecto de proteínas y grasas para sostener la vida. Disfruta de tu tortilla completa, tu cerebro (y tu paladar) te lo agradecerán.